Una vez mas, solo el recuerdo amargo de una noche de tristeza que el día ayuda a olvidar, aunque sea hasta una nueva noche.
- La espera se hace desesperante- dice edward con un brillo en ojos tan obscuros como el olvido acompañada de una sutil mueca que se delineaban en sus tenues labios.
- Es solo cuestión de tiempo, esperemos- sentencio anne.
Un grupo de estudiantes dirigía las miradas hacia delante, algunos comentaban que podía estar pasando otros protestaban, otros se sumergían en conversaciones monótonas pero nadie sugería un ápice de conocimiento sobre aquella situación. Unos instantes pasaron y una señora de un porte prominente se disponía a hablar a un cuantioso grupo de estudiantes atestados en la cantina para almorzar, casi tan hambrientos de comida como de conocimientos.
Cuando la señora empezó a exponer que un problema de costos y presupuestos afectaría el precio del almuerzo, el precio del “menú” (mejor conocido en la jerga estudiantil) y que en ese momento, no en otro mas oportuno, se debería elegir si aumentar o eliminar (ninguna opción favorable). Como la mayoría, aquel grupo de individuos, con poco tiempo compartido y coincidencias desconocidas, se encontraban desarrollando una amistad a prueba de todo, incluso de ellos mismos. Anne hablaba con edward sobre una tesis de un alumno de EE UU sobre el atentado del 11 de septiembre y que habia puesto toda la información recolectada en un video amateur. Kat se encontraba absorta en su cuaderno de dibujo, realizando trazos que luego se convertirían en triviales, y su nombre en el centro de los mismos. Anne daba vistazos de lo que hacia kat, ya que una de las fascinaciones de ella era el dibujo de rostros en carbonilla.
-Demasiada carne para nuestro paladar hambriento- objeto kat.
Captando el doble sentido de la frase, tanto edward como anne esbozaron una sonrisa cómplice e interrumpieron su conversación y la derivaron hacia lugares insospechados. Cuando ambos hermanos expusieron su condición de soltería pasajera, anne les contó sobre su misma condición, y concluyeron que mas una condición, les parecía una elección, algo mas patético, pero decisión propia al fin. Luego de que una voz propusiera una única solución y unos cuantos aplausos resolutorios dictaminara el fin de aquella asamblea improvista de oportunismo y seriedad, mientras avanzaba a paso de hormiga la extensa fila para retirar el almuerzo el cual las cocineras hacían lucir su ingenio y experiencia, edward le propuso a anne una apuesta. El le iba a elegir a un hombre o el intento de uno, de toda esa multitud, un novio. Anne incrédula y hasta poco receptiva con aquella propuesta le re planteo la apuesta y le dijo – alguien solo para recrear la vista, tenes tiempo para hablar con un desconocido hasta que lleguemos a recoger nuestro almuerzo. ¿Es un trato?-
-Es un hecho- sello edward con un apretón de manos.
Mientras la mirada selectiva y aguda de edward escaneaba a posibles candidatos, kat y anne se sumergieron en una conversación sobre dibujos y tattos, un arte dentro del arte del dibujo.
Casi cuando las esperanzas de ganar de anne se conformaban en realidad, una frase sentencia a nada cualquier expectativa se disolvía.
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