_Una mañana imperturbable de Diciembre, la densa lluvia empezó a jugar con la nostalgia y juntas se volvieron compañía de un llanto silencioso de una muchacha de no más de 20 años.
Sus ojos pardos miraban perdidos hacia un rosal marchito mientras en su mente se entretejían palabras que expresaban angustias y resonaban los recuerdos en un eco permanente, los fracasos de un primer año universitario que solo le dejaban a Anne Black un gusto amargo en su perseverancia y en sus sueños.
Quien hubiera dicho, que tan brillante joven, de temperamento sereno y corazón de oro, era ahora solo un recuerdo borroso que se mantenía por sentimientos desconocidos.
Por bondad del destino, contaba con su amiga Tita, quien fue la razón para que el año anterior no fuera una completa perdida de tiempo. Ella, en largas y memoriosas charlas le repetía que no bajara los brazos, el primer año siempre es el mas difícil;Como un profesor le dijo alguna vez, los inteligentes no siempre se reciben, si lo hacen los perseverantes.
Aunque en lo único que seria perseverante Anne, incluso más que en sus estudios, es en su decepción por el amor. Porque para olvidar un amor, a veces la decepción es un camino. Y que cicatriz más perpetúa que la del primer amor, adornado en su caso con la no reciprocidad, es un titánico duelo que en el caso de Black, duro mas tiempo del que espero. Y el tiempo mucho no ayudo. Por más que adore su recuerdo, sus raíces se nutren todavía de falsas esperanzas que la distancia socorre con más olvido y más decepciones. Aun así, gracias a eso, Anne hacia de su soledad,su refugio.
Tiempo después de aquel deprimente Diciembre que quedo en el olvido y el año nuevo trajo consigo una nueva oportunidad de comenzar.
Anne se disponía a ir a su segunda primera vez que cursaba Análisis I, materia que no le profesaba cariño ni mucho menos dedicación pero que intentaría a lo que de lugar aprobar.
Había un revuelo acostumbrado de jóvenes, algunos cursaban su primer año otros no tan jovenes, saludaban a los profesores, quienes los acostumbraron con sus repetidas consultas y/o chistes en años anteriores (una de las escasas maneras que los profesores se acuerden del nombre de un alumno).
A medida que la clase avanzaba, sus deseos por aprobar curiosamente ya iban en declive y por lo tanto su atención se posicionaba en la ventana próxima al pasillo donde ocasionalmente compartía durante fracciones de segundo la mirada con algún alma desconocida.
